Comentario al artículo de Mª Pilar Carrera (tarea nº 3)

Comentario al artículo de María Pilar Carrera. “Acerca de la plenitud teórica de conceptos en oportuno desuso. ¿Qué se hizo de las masas?”  Telos, nº 74

Podríamos parafrasear a McLuhan: «somos lo que vemos». Pero podríamos también ampliar su sentencia y afirmar que también somos lo que oímos, mucho más lo que miramos, escuchamos y sentimos. Nuestra percepción sensorial condiciona todas nuestras relaciones con el mundo que nos circunda y el bagaje de imágenes y sonidos que recibimos durante nuestra vida van conformando nuestra propia identidad. El despliegue tecnológico y mediático de la sociedad actual proporciona un escaparate progresivamente diferente a las generaciones más jóvenes respecto a las precedentes, con lo que puede atisbarse en el futuro una identidad cada vez más polivalente y versátil; por un lado la acentuación de las diferencias según la creciente oferta audiovisual que cada persona puede percibir a lo largo de su vida, y por otra parte la identidad colectiva que se va construyendo a través de la globalización de los medios y de la interactividad dinámica entre personas.

            Según los rasgos propios de personalidad unos mensajes, imágenes o contenidos son más significativos que otros y es posible que, dada la amplísima oferta de información existente, la elección sea más individual y personalizada, pero a la vez está latente la posibilidad de hacer efectiva la intercomunicación con la consiguiente transferencia bidireccional de información que favorece el fortalecimiento de una identidad grupal.

            A pesar del tiempo transcurrido desde la muerte de McLuhan su pensamiento, ante la expansión (para él prácticamente desconocida) de las nuevas tecnologías de información y comunicación, cobra especial relevancia si pensamos en la relatividad de todo lo concerniente a la comunicación y a los medios pues todo ha de ser observado desde una óptica multidimensional.

            Es precisamente la interactividad de los medios lo que parece haber relegado a un segundo término acepciones tan habituales no hace mucho tiempo como “comunicación de masas” o “cultura de masas” al ser relacionadas con un grupo amplio de receptores con poco feedback frente a un restringido grupo de emisores de papel más activo, que poco parece tener que ver con un modelo bidireccional en el que emisores y receptores intercambian permanentemente su rol, con lo que, en principio, pudiera parecer que el término se haya convertido en un anacronismo lingüístico y por ese motivo se haya relegado al ostracismo. En nuestra opinión no será necesaria tan drástica medida puesto que “masas” no tiene porque  haber perdido todas las señas de identidad de los tiempos en que el término fue  acuñado, pero si parece conveniente un ejercicio de coherencia reconceptualizar el término y dotarlo de nuevos significados, adaptándolo a un modelo comunicativo en permanente transformación.

            De manera convencional un concepto tan abstracto como el de “masas”, asociado por tradición con el poder persuasivo que unos pocos ejercen sobre muchos que transigen carentes de respuesta, pero como Pilar Carrera apunta, la existencia de reciprocidad en la comunicación no conlleva la ausencia de posibles manipulaciones, antes al contrario, puede parecer que la favoreciese. Por ello habría que reflexionar sobre los verdaderos motivos que han llevado al desuso del término. ¿Es una consecuencia natural de la evolución en la forma de concebir las comunicaciones o por el contrario no interesa que el término “masa” pueda continuar vinculado a la comunicación como forma de ejercer poder? En cualquier caso, dado que el interrogante carece de respuesta concreta sería interesante contemplar ambas posturas. Carrera propone que, aunque el término “masa” pudiera vetarse, no sea sustituido puesto que, por ahora, no existe un sustituto.

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Mediador comunicativo (tarea nº 2)

Si entendemos la comunicación como un proceso en el que la información codificada y decodificada circula –adoptando el modelo de Jakobson- entre un emisor y un receptor, a través de un canal en un determinado contexto, la figura del mediador comunicativo puede interpretarse como aquel que facilita la eficacia y fluidez de este proceso. La comunicación supone siempre una bidireccionalidad, por lo tanto el mediador tiene por objetivo primordial establecer lazos de cohesión entre el emisor y el receptor que continuamente intercambian el rol. Su papel, contemplado en un proceso continuo de feedback, es el de modelar el mensaje, flexibilizar su forma y / o contenido, para que éste sea más asequible y comprensible a la audiencia, pero también su actuación, asimismo se dirige a los receptores a fin de facilitar el acceso de éstos a la información. Para ello necesita modificar esquemas, estructuras y actitudes de manera global, aún a riesgo de introducir sesgos, en el concepto de mensaje. Su gran reto es alcanzar las mayores cotas de comunicación en relación a la veracidad informativa, en un claro ejercicio de honestidad y transparencia.

            Parece importante el papel del mediador comunicativo en la transmisión del mensaje entre el emisor y el receptor, regulando la relación entre éstos y el valor del mensaje codificado y decodificado entre ellos, pero no menos importante es la función que ha de desempeñar el mediador en la conexión que puede –y debe- existir entre emisores, de una parte, y entre receptores, de la otra, desde una óptica horizontal.

            Es frecuente la situación inconexa de emisores o receptores entre sí respecto a la circulación bidireccional de mensajes (como pudiera ocurrir en un foro en determinadas circunstancias), pero no debe olvidarse la transversalidad de la comunicación para que ésta sea realmente global, de ahí la importancia del mediador.

            El mediador tiene la ocasión de ejercer su influencia sobre el mensaje, pues no sólo se trata de asegurar la emisión y recepción del mismo sino de acercar el contenido a los interlocutores.

            No podemos olvidar el papel del contexto que el mediador debe conocer bien para que todos los elementos que forman parte del acto comunicativo se integren en un conjunto armónico. El mediador puede convertirse en un auténtico catalizador, no sólo de los elementos comunicativos sino de las funciones asignadas a cada uno de ellos, imprimiendo fuerza emotiva a todo el proceso. Considerando la comunicación como un acto eminentemente social, vinculada al papel cada vez más influyente de las TICs y de los medios de comunicación de masas, la función del mediador comunicativo adquiere una importancia cada vez más relevante.

 

Diferencias entre el acto humano de la comunicación y el proceso social de la comunicación (tarea nº 1)

La comunicación es uno de los actos humanos de más trascendencia que hace posible la evolución de las sociedades en el tiempo. El hombre es por naturaleza un ser social y necesita de la comunicación con sus semejantes, lo que le hace menos vulnerable en un determinado contexto. El acto humano de la comunicación puede ser en principio de gran sencillez pero que alcanza una mayor complejidad si es entendible como un proceso social en el que cobra un gran protagonismo el contexto. Este proceso social de comunicación, desde la óptica estructuralista, requiere un sistema compartido por un grupo amplio de personas, capaz de codificarse y decodificarse.

El modelo básico de la comunicación que consta de 4 elementos -emisor, canal, mensaje y receptor- parece válido para el desarrollo de cualquier teoría de la comunicación. Según el modelo estructuralista de Jakobson el lenguaje como forma de comunicación cumple una serie de funciones diversas (expresiva, la apelativa, la representativa, la fática, la poética y la metalingüística) que en conjunto otorgan al acto comunicativo mucha más trascendencia e importancia que la simple transmisión informativa. 

Desde el punto de vista funcionalista de Lassell se toma una visión globalizadora de la sociedad y los medios, estableciéndose varios planos de comunicación, dependientes de la complejidad, desde el nivel intrapersonal que considera la comunicación como acto individual hasta el nivel tecnológico referido a la tecnología necesaria para el tratamiento de la información en una sociedad avanzada. Para Lasswell la comunicación constituía un todo, aunque restaba importancia a la posible falta de veracidad que pudiese ofrecer el conjunto de los medios. Ruesch y Bateson exponen una tesis similar al establecer cuatro niveles de comunicación: intrapersonal, interpersonal, grupal y cultural. Según el modelo de Rockeach y DeFleur se considera el gran valor de los medios, considerados como auténticos centralizadores de la información. 

Desde la óptica mecanicista, de la que son representantes Shannon y Weaver, la comunicación tiene lugar como un proceso de causa-efecto en el que un mensaje informativo se mueve desde un emisor hasta un receptor a través de un medio, en cuya transmisión tiene lugar la aparición de “ruidos” y aparecen “intermediarios”. 

En general los medios constituyen un elemento esencial en la constitución y transmisión de un sistema compartido de elementos codificados y decodificados. A través de ellos se materializa un simple acto de comunicación humana en un proceso social globalizador.